Envío gratuito en pedidos superiores a 35€ (24-48h)
Descubre el Club Sambani
19 May 2026 4 min lectura

Expreso e italiana: guía sin líos

Porque sí, hay diferencias. Y entenderlas hace que tu café de cada mañana sea mejor.

Si hay dos métodos de preparar café que se han ganado un hueco fijo en los hogares españoles, esos son el café expreso y la cafetera italiana. Los dos dan una taza intensa y con carácter. Los dos tienen sus fans. Y los dos merecen que les prestemos un poco de atención para sacarles todo lo que tienen dentro.

Porque sí, hay diferencias. Y entenderlas hace que tu café de cada mañana sea mejor.

La cafetera italiana: la de toda la vida

La moka, como también se la conoce, la inventó Alfonso Bialetti en 1933. Y desde entonces no ha cambiado prácticamente nada. Es uno de esos diseños tan bien resueltos que no necesitan mejoras.

Funciona por presión de vapor: el agua de la parte inferior se calienta, sube a través del café molido y sale ya extraída por la parte superior. Sin electricidad, sin botones, sin complicaciones.

El resultado es un café concentrado, aromático e intenso. No es técnicamente un expreso, aunque mucha gente lo llame así, porque la presión que genera es mucho menor que la de una máquina profesional. Pero tiene un sabor y un carácter propios que la han convertido en un clásico eterno.

Ver vídeo: cómo preparar café con la cafetera italiana

Cómo hacerlo bien La molienda: media-fina. No tan fina como para el expreso de máquina, pero tampoco gruesa. Si está demasiado fina, el agua no sube bien y el café queda amargo.

El agua: llena el depósito inferior hasta la válvula de seguridad, nunca por encima. Y un truco que marca la diferencia: usa agua ya caliente. Así el café no se "cuece" mientras espera que el agua suba desde frío.

El café: llena el filtro sin apretarlo. El café tiene que estar suelto para que el agua pase uniformemente. Rasura el exceso con el dedo o con una espátula.

El fuego: medio-bajo siempre. Con fuego alto el café sube demasiado rápido y quema los aromas. La paciencia aquí tiene recompensa.

El momento clave: cuando el café empiece a subir y escuches ese burbujeo, apaga el fuego. Deja que la cafetera termine sola. Y cuando el sonido cambie a un silbido de aire, ese es tu

señal: retírala del fuego y disfruta. No hay prisa. El café ya ha hecho su trabajo. ■

El café expreso: cuando tienes máquina en casa

El expreso nació en Italia a principios del siglo XX con las primeras máquinas de vapor en las cafeterías. La idea era simple: café rápido, concentrado y con mucho sabor. De ahí el nombre: café expreso, hecho al momento.

La diferencia fundamental con la italiana es la presión: una máquina de expreso trabaja a 9 bares, lo que permite una extracción mucho más rápida y produce esa crema densa y característica en la superficie de la taza. Esa crema no es solo estética: es señal de una buena extracción y concentra gran parte del aroma.

Ver vídeo: cómo preparar un café expreso en casa

Cómo hacerlo bien La molienda: muy fina. Es el factor más importante y el que más ajuste requiere. Si el café cae demasiado rápido, muele más fino. Si tarda demasiado o no sale, muele más grueso.

La dosis: unos 18 gramos de café para obtener unos 36 gramos de bebida en taza. Es el ratio estándar, aunque puedes ajustarlo a tu gusto.

El tiempo de extracción: entre 25 y 30 segundos. Si sale antes, algo falla. Si tarda más, también.

La temperatura: en torno a los 90-93°C. La mayoría de las máquinas domésticas lo gestionan solas, pero si tienes control sobre ella, úsalo.

Un detalle importante: purga la máquina con un poco de agua antes de cada extracción. Limpia el grupo y estabiliza la temperatura. Son dos segundos que se notan en la taza.

¿Cuál es mejor?

Las dos son igual de buenas. De verdad.

Son dos métodos distintos con resultados distintos. La italiana te da un café con más cuerpo, más rústico, con ese punto hogareño que es difícil de superar un domingo por la mañana. El expreso de máquina es más limpio, más técnico, con esa crema que lo hace especial.

Lo que sí tienen en común es que las dos agradecen un buen café. Y aquí es donde entra Sambani: con un grano fresco, bien tostado y de calidad, cualquiera de los dos métodos da una taza que merece la pena. Con un café mediocre, ni la mejor máquina del mundo te salva.

La herramienta importa. Pero el ingrediente importa más. ■

Tu Cesta

No hay productos en el carrito.